Cohen En Nueva York

Es de sobra conocido que Federico García Lorca es uno de los poetas más excelsos de la historia. Es, asimismo, bien sabido, que Leonard Cohen es uno de los cantautores más prolíficos del pasado siglo. Lo que resulta, sin embargo, ignorado es la concomitancia que se presenta entre ambos autores. Pero, no seré yo quien lo explique; al contrario, valdrá más dar voz al Leonard de un 31 de octubre de 1988 para así desvelar los entresijos de este peculiar vínculo.

Preámbulo al tema (min 00:00~01:55):

“A long time ago I was about fifteen in my hometown of Montreal. I was rumbling through (or rambling as they say down here, we say rumbling; actually we don’t say that at all)… I was rumbling through this bookstore in Montreal and I came upon this old book, a second-hand book of poems by a Spanish poet. I opened it up and I read these lines: I want to pass through the arches of Elvira, to see your thighs and begin weeping. Well, that certainly was a refreshing sentiment. I began my own search for those arches, those thighs, those tears… Another line: The morning through fistfuls of ants at my face. It’s a terrible idea. But this was the universe I understood thoroughly and I began to pursue it, I began to follow it and I began to live in it. And now, these many years later, this is my great privilege to be able to offer my tiny homage to this great Spanish poet whose anniversary of whose assassination was celebrated two years ago: he was killed by the Civil Guard in Spain in 1936. My real homage to this poet was naming my own daughter Lorca but it was Federico García Lorca. I set one of his poems to music and translated it; he calls it Little Viennese Waltz and my song is called Take This Waltz”.

Traducción macarrónica:

“Hace mucho tiempo, cuando tenía, más o menos, 15 años, vivía en mi ciudad natal, Montreal. Me dirigí hacia una librería y allí me topé con un libro antiguo, un libro de segunda mano escrito por un poeta español. Lo abrí y leí estas líneas: Por el arco de Elvira voy a verte pasar, para sentir tus muslos y ponerme a llorar. Bueno, eso ha sido un sentimiento ciertamente innovador… Comencé mi propia búsqueda de aquellos arcos, aquellos muslos, aquellas lágrimas… Otro verso es: Cúbreme por la aurora con un velo, porque me arrojará puñados de hormigas. Es una idea horrible… Sin embargo, este fue el universo que comprendí a la perfección y comencé a perseguirlo, comencé a seguirlo y comencé a vivirlo. Y ahora, después de mucho tiempo, tengo el gran privilegio de poder ofrecer mi pequeño homenaje a este gran poeta español, cuyo aniversario de muerte se celebró hace dos años: fue asesinado por la Guardia Civil Española en 1936. Aunque, mi homenaje real a este poeta consistió en nombrar a mi propia hija Lorca, por Federico García Lorca. Adapté uno de sus poemas a la música y lo traduje; él lo llama Pequeño Vals Vienés y yo he titulado mi canción Take This Waltz”.


Federico García Lorca

Federico García Lorca


Un imperecedero amor enflaquece al son del característico ritmo circular del vals. Bajo una perspectiva umbría entretejida con un cierto cariz onírico, Lorca nos introduce en el más cruel de los páramos: un sufrimiento inmisericorde a todo cuanto existe, a excepción del amor. Mientras permanece en un sideral duermevela, desfallece en su intento de sobrevivir: busca un algo salvífico pero su presente es abrumador.

Lorca, dominado por su frustración amorosa, agoniza en sus últimos días en Nueva York. Motivado por la libertad que le brindará su próxima aventura; es decir, su viaje a Cuba, consigue restañar su pesadumbre y mantenerse vivo al evocar el recuerdo de Europa…


Jack Vettriano - The Singing Butler/ Leonard Cohen

Jack Vettriano – The Singing Butler/ Leonard Cohen


El símbolo del vals vienés es acaso un recurso singular para rememorar el viejo continente y amilanar el deseo de muerte, en su forma más delicada. Ante la decisiva necesidad de exhortar un te quiero, el poeta se sirve de la cadencia propia del vals y, de hecho, la imita: así, son recurrentes las geminaciones (este vals, este vals, este vals; te quiero, te quiero, te quiero) y también las anáforas (hay mendigos por los tejados; hay frescas guirnaldas de llanto). No fue fruto del azar, en definitiva, que Leonard Cohen eligiera justamente esta pieza para sintonizarla con la melodía que posteriormente compondría con prestancia.

En la última estrofa, Lorca pronostica el fin de ese yermo personal regido por la soledad y el vacío: la unión con la persona amada lo despojará de todo ello. En este sentido, es relevante la referencia explícita a “las verijas” (dejaré mi boca entre tus piernas) y, con ello, la declaración, propia de un iconoclasta de su época, en defensa del amor homosexual así como del amor frustrado.

Lucía Ormaechea Grijalba

Anuncios