Busco y Busco, Sigo y Sigo Buscando

Igual Que Vosotros, por Blas de Otero

Desesperadamente busco y busco
Un algo, que sé yo qué, misterioso,
Capaz de comprender esta agonía
Que me hiela, no sé con qué, los ojos.

Desesperadamente, despertando
Sombras que yacen, muertos que conozco,
Simas de sueño, busco y busco un algo,
Qué se yo dónde, si supieseis cómo.

A veces, me figuro que ya siento,
Que sé yo qué, que lo alzo y lo toco,
(Que tiene corazón y que está vivo,
No sé en qué sangre o red, como un pez rojo).

Desesperadamente, le retengo,
Cierro el puño, apretando el aire sólo…
Desesperadamente, sigo y sigo
Buscando, sin saber por qué, en lo hondo.

(He levantado piedras frías, faldas
Tibias, rosas azules, de otros tonos,
Y allí no había más que sombra y miedo,
No sé de qué, y un hueco silencioso).

(Alcé la frente al cielo: lo miré
Y me quedé, ¡Por qué, oh Dios!, dudoso:
Dudando entre quien sabe, si supiera
Qué sé yo qué, de nada ya y de todo).

(Desesperadamente, esa es la cosa.
Cada vez más sin causa y más absorto
Qué sé yo qué, sin qué, oh Dios, buscando
Lo mismo, igual, oh hombres, que vosotros).*

* Los paréntesis presentan las estrofas del poema de Blas de Otero que no son incluidas en la versión de Hilario Camacho.

Blas de Otero/ Hilario Camacho

Blas de Otero/ Hilario Camacho

Igual que vosotros, poema compuesto por Blas de Otero en impecable endecasílabo, nos hace languidecer entre sus erráticos encabalgamientos y repeticiones. Nos envuelve en una agónica y absurdista perspectiva de la existencia humana y nos sume en una desesperación propia de un condenado a muerte.

En la composición, Otero realiza un hondo ejercicio de introspección sobre algo, más bien, poco particular: la omnivalencia de una terminología dirigida a un qué sé yo qué aporta indicios de un escepticismo muy interiorizado en el poeta; tan solo es preciso fijarse en la impotencia a la hora de nombrar realidades (algo, que sé yo qué). Es como si la palabra resultara ser un algo incognoscible.

El yo ahogado de esta secuencia de endecasílabos estremece por su luctuosa grisura, su todavía equívoca desdicha, su constante incertidumbre e insignificancia. Cuando una súbita ilusión parece concedérsele, ésta se difumina y desaparece… A partir de entonces, ese yo busca amparo en lo divino, que sugiere ser, a su vez, motivo principal de su agonía existencial.

La adaptación musical que posteriormente el cantautor madrileño Hilario Camacho le dedicó, difiere en cierta medida del poema original. En Camacho, se aprecia un mayor énfasis en las repeticiones referentes a la banalidad, al anonimato y su consecuente desamparo; algunas añadidas son: capaz de comprender, busco y busco un algo.

Uno de los puntos más destacables de la adaptación es la entonación de los encabalgamientos, tan característicos de la poesía oteriana, que están perfectamente hilvanados en la melodía. Con ello, el intérprete consigue respetar las peculiares pausas internas del poema.

La principal disimilitud que se presenta en la versión de Camacho respecto con la original es el final truncado; y es que, precisamente, elimina las últimas tres estrofas del poema de Otero, donde adopta el tono más esperanzador. Lo que acaece, en cambio, en la adaptación del madrileño, es que se retoma la estrofa inicial, que es, si cabe, la más misteriosa y nihilista de todas. Es el comienzo de la sed existencial del yo poético y, además, fundamento del recurrente sinsabor vital. Así, Camacho da una vuelta de tuerca a la inspiración final del poema, privándolo de un místico halo de luz, proveedor de amparo, de consuelo; y transportándolo, a cambio, a una reiteración de la desolación y destrucción interior.

Lucía Ormaechea Grijalba

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