Yendo A Contracorriente

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Letraherido (definición): hombre de letras, amante de las letras. Proveniente del francés lettreferit y acuñado por Michel de Montaigne, originariamente, hacía referencia a los lectores empedernidos, que leen sin criterio ni verdadero entendimiento cualquier letra.

Dicho de esta forma, es muy probable que el relativamente cuantioso legajo de lectores aficionados en el mundo haya experimentado ese período en que uno lee sin criterio ni entendimiento claro. En mi opinión, es un proceso infinito; resulta exasperante, sí; pero, de todas formas, es posible trabajar en ello: lo único necesario es adquirir una serie de mecanismos defensivos que faciliten librarse de cierta ingenuidad y ahondar en el pensamiento crítico. ¿Sencillo, verdad?

En mi caso, yo diría que me encuentro en un estado de letraheridismo bastante temprano: todavía me aguarda mucho trecho para superar mi ingenuidad personal. Y es que, precisamente, mi interés por la literatura y, más concretamente, por la poesía, aparece por razón de mi latente melomanía. He de admitirlo: padezco síndrome de abstinencia por innumerables canciones. A expensas de resultar engreída, mentiría si dijera que no soy una persona conocedora de géneros musicales (y, estoicamente, lo manifiesto sin acritud); de hecho, mi interés por ellos ha desembocado en el descubrimiento de unos cuantos poemas que fueron, posteriormente, adaptados por algunos cantautores a la música más actual y serán, justamente, objeto de las entradas que, cada semana, iré publicando.

La historia referente a la poesía siempre se ha mantenido aunada a aquélla de la música: no es extraño pensar que las recitaciones ejercidas por trovadores y juglares allá por el siglo XII en adelante contienen rasgos de ambas disciplinas. Habida cuenta de ello, resulta complicado averiguar el porqué de la aparente dicotomía actual entre música y poesía, además de la perspectiva generalizada que las considera como ámbitos, me atrevería a decir, estancos.

Lo que esta singular visión ha llevado consigo en los últimos años es que ciertos personajes se hayan propuesto recuperar aquellos versos, olvidados en polvorientas antologías poéticas, consiguiéndolo mediante formas musicales adaptadas, con el fin de reivindicar su belleza y ofrecerles una mayor visibilidad. Sin nada más que añadir, he aquí un pequeño adelanto:

Lucía Ormaechea Grijalba

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