El poder de la buena literatura

“Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora”. Proverbio hindú.

La verdad es que no recuerdo el primer libro que leí, ni la primera canción que escuché o la primera película que vi. Lo único que sé, es que muchas de las historias escuchadas, leídas o vistas han cambiado, en muchas ocasiones, mi manera de ver las cosas.

No nos damos cuenta, pero la mayoría de historias que la literatura ha ido contando años atrás se ven reflejadas en lo que hoy llamamos cultura pop, entre otras. No solo eso: encendamos la televisión o vayamos al cine, lo que nos vamos a encontrar es el reflejo psicológico de personajes literarios, argumentos inspirados en historias antiguas, etc.

Si me dan a elegir, no tengo duda en escoger la música o literatura, que son las que más  permiten desarrollar nuestra imaginación. Las películas inspiradas en libros suelen cortar muchas escenas que, como lectores, nos hubiese gustado ver y las series se alargan demasiado, hasta llegar al momento en que pierden el sentido y el factor que nos enganchaba a ellas desaparece.

Aunque prefiera un buen libro o escuchar a un buen cantante o grupo, tengo que decir que muchas de las películas que he visto basadas en libros me han sorprendido gratamente. En especial, las películas antiguas, pues me parece que las actuales, a pesar de poder estar inspiradas en literatura, se inventan demasiado, hasta llegar a la extravagancia.

Uno de los ejemplos que demuestran que la literatura se adapta a las demás artes se refleja en uno de mis libros preferidos: “El Perfume” de Patrick Süskind, que no solo fue adaptado a la gran pantalla en 2006 bajo el nombre “El perfume: historia de un asesino” sino que antes de esta película, alguien ya había adaptado este libro a otro arte: la música. Fue a finales 1992, de la mano, desde mi punto de vista, de uno de los mejores grupos de música: Nirvana. Lo que me sorprende de esta fantástica adaptación es lo atraído que Kurt Cobain se sentía por esta historia, llegando incluso a afirmar: “Me siento fascinado por los olores. Creo que quisiera tener mi propia  perfumería algún día”.

Como podéis ver, no importa el hecho de no tener recuerdo de nuestros primeros contactos con el mundo de las diferentes artes, lo realmente relevante es cultivarlas, disfrutar de ellas y permitir que nos ayuden a crecer como personas; tener imaginación, ingenio para obtener verdaderas lecciones de ellas.

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Laura López Barragán

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